Decir que
Cuenca es una ciudad linda es casi una obviedad. Y no es para menos, es una
localidad de 400.000 habitantes emplazada en un paisaje de cuento. El río
Tomebamba atraviesa la ciudad dividiendo la parte histórica con la moderna, y
se encuentra rodeado por un camino ideal para largas caminatas con el sonido
del agua como fondo. Además, uno puede bajar hasta la orilla y permanecer horas
ahí, contemplando el paisaje rodeado de río, piedras, verde y puentes. Las
montañas rodean a la ciudad que por su altura presenta una temperatura ideal
casi todo el año y una variación importante en un solo día. Arquitectónicamente
es una joya. Edificios históricos, iglesias con cúpulas gigantes celestes,
techos de teja y mucha área verde. Y el cielo merece un comentario aparte. En
mi vida ví unas nubes tan bellas, con haces de luz entrando por las montañas y
por la tardecita el cielo se vuelve gris, de aquellos que anticipan una tormenta,
pero nada pasa, como mucho una leve llovizna. Existen algunos puntos
característicos de la ciudad como el mercado de flores, frente a una pequeña
iglesia, donde todos los días las mujeres montan sus puestos con rosas de todos
los colores imaginables y variedad de otras especies; el mirador de Turi, el
cual ofrece una vista panorámica de la ciudad desde lo más alto y el centro
histórico, declarado patrimonio de la humanidad.
Otra ventaja
importante de la ciudad es su cercanía con Baños, un pueblito que tiene por muy
bajo costo, instalaciones donde disfrutar de aguas termales y saunas, así como
el Parque Nacional Cajas, a unos kilómetros de la ciudad.
Se ha
declarado a Cuenca como ciudad de calidad de vida, y eso atrajo a muchos
extranjeros que decidieron instalarse poniendo sus locales como hoteles o
restaurant. Justamente estuvimos parando en un hostal de un argentino, que
compró hace varios años una casa casi en destrucción y la convirtió en una
posada hermosa con techos de vidrio que hacen que uno esté todo el tiempo
mirando hacia arriba.
La verdad,
podría poner algunos puntos negativos de la ciudad, pero en dos semanas que
estuvimos aquí no los encontramos. Tal vez una permanencia más larga permite
descubrirlos, o simplemente no y por algo se confirma que es la ciudad más
bella de Ecuador.
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