viernes, 29 de marzo de 2013

La bella Cuenca


Decir que Cuenca es una ciudad linda es casi una obviedad. Y no es para menos, es una localidad de 400.000 habitantes emplazada en un paisaje de cuento. El río Tomebamba atraviesa la ciudad dividiendo la parte histórica con la moderna, y se encuentra rodeado por un camino ideal para largas caminatas con el sonido del agua como fondo. Además, uno puede bajar hasta la orilla y permanecer horas ahí, contemplando el paisaje rodeado de río, piedras, verde y puentes. Las montañas rodean a la ciudad que por su altura presenta una temperatura ideal casi todo el año y una variación importante en un solo día. Arquitectónicamente es una joya. Edificios históricos, iglesias con cúpulas gigantes celestes, techos de teja y mucha área verde. Y el cielo merece un comentario aparte. En mi vida ví unas nubes tan bellas, con haces de luz entrando por las montañas y por la tardecita el cielo se vuelve gris, de aquellos que anticipan una tormenta, pero nada pasa, como mucho una leve llovizna. Existen algunos puntos característicos de la ciudad como el mercado de flores, frente a una pequeña iglesia, donde todos los días las mujeres montan sus puestos con rosas de todos los colores imaginables y variedad de otras especies; el mirador de Turi, el cual ofrece una vista panorámica de la ciudad desde lo más alto y el centro histórico, declarado patrimonio de la humanidad.
Otra ventaja importante de la ciudad es su cercanía con Baños, un pueblito que tiene por muy bajo costo, instalaciones donde disfrutar de aguas termales y saunas, así como el Parque Nacional Cajas, a unos kilómetros de la ciudad.
Se ha declarado a Cuenca como ciudad de calidad de vida, y eso atrajo a muchos extranjeros que decidieron instalarse poniendo sus locales como hoteles o restaurant. Justamente estuvimos parando en un hostal de un argentino, que compró hace varios años una casa casi en destrucción y la convirtió en una posada hermosa con techos de vidrio que hacen que uno esté todo el tiempo mirando hacia arriba.
La verdad, podría poner algunos puntos negativos de la ciudad, pero en dos semanas que estuvimos aquí no los encontramos. Tal vez una permanencia más larga permite descubrirlos, o simplemente no y por algo se confirma que es la ciudad más bella de Ecuador.







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