Después de
pasar unos días con amigos en Tucumán, nos fuimos a Salta, viajando en la
empresa Vosa, que por un precio mucho menor que las demás, brinda un servicio
excelente. Desde que salimos a la calle, Salta nos sorprendió felizmente. Ambos
ya la conocíamos por separado, pero en este viaje nos pareció más linda y nos
enamoramos de su emplazamiento geográfico. Además, algunas callecitas nos
recordaron mucho a Bolivia, los mercados, la gente, los negocios. Nos alojamos
en el hostal 7 rayos (San Luis al 700) en un ambiente tranquilo, con linda
energía y todas las comodidades necesarias. Por recomendación de una amiga
viajamos hasta Campo Quijano, un pueblo ubicado a 30 km de la ciudad, donde el
polvo y la tierra se hacen sentir. Pasamos una tarde ahí, con el sol pegándonos
muy fuerte y espiando un poco la cotidianeidad de un lugar árido, con inmensas
montañas a la vista y muchas máquinas y camiones trabajando en la cantera. Un
lugarcito de esos que nos gusta descubrir ya que salen un poco del circuito
turístico marcado.
Si algo ya
sabemos es que este viaje estará marcado por fuertes contrastes, como el mundo
en general, y solo bastó hacer otros 30 km en otra dirección para descubrir San
Lorenzo, un lugar marcado por el verde, las majestuosas casas emplazadas en la
montaña, los innecesarios y excesivos metros cuadrados destinados al jardín.
Y así
pasamos 4 días en “la linda”, caminando, recorriendo y con la hermosa sensación
de un camino progresivo hacia ese viaje que imaginamos y que vamos construyendo
con cada paso que damos.
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