miércoles, 12 de septiembre de 2012

(un parentesis)

La pierna se hunde lentamente, se funde con la superficie tibia. Los músculos se tensan, el cuerpo se prepara para una súbita pérdida del equilibrio. Con los brazos extendidos busca donde aferrar la planta del pie para agarrarse con dedos y uñas
El pantanoso terreno del otro tiempo. Del otro tiempo íntimo, el de la expectativa.
La sustancia del tiempo es quizás la que más se continúa transformando en este viajar.
Cuando deja de escrutarte desde la pared, desde ese panóptico interno que es la torre del reloj, cuando el tiempo de los minutos deja de ser ese fraccionamiento natural de la vida y pasa a ser un monolito recordatorio de ciertas puntualidades (el colectivo sale a las 19 hs), comienza a latir y tomar fuerza otro tiempo. Ese otro tiempo constante, no segmentado, ese otro tiempo que como una brisa caliente sobre la espalda te recuerda que esta presente, y que Siempre lo estuvo.
Espacio maleable de la ansiedad, de la posibilidad. Espacio habitado por fantasias y por distancias.
Ese tiempo se despejó en su inmensidad, allí, en ese espacio entre deseos, entre umbrales, es donde mis pies descalzos se hunden.

Santi

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