Llegamos a la ciudad de Potosí el
viernes 31 de agosto, luego de un viaje de aproximadamente 8 horas. Otra vez
gran parte del recorrido fue sobre caminos ripiados que suben y bajan altísimas
montañas, bordeando profundos valles. Como estábamos en Tarija no había más
opción que volver a subir el “Sama”, ya que la ciudad se encuentra en una
hondada. Esta vez viajamos por la noche, para evitar llegar a Potosí a un
horario incomodo.
Llegamos entonces a las 4 de la mañana. El frio a esa hora en la
nueva terminal es glacial. Además está
alejada del centro de la ciudad (pero todo el tiempo salen movilidades que por
1,20 bol te dejan en la plaza 10 de Enero), así que decidimos hacer tiempo
hasta que amanezca.
Ya en la movilidad hacia el
centro Potosí genera sensaciones encontradas. Es una ciudad que impresiona, que
impresiona y que ahoga. Está partida en mil pedazos que se amontonan uno sobre
otro, pedazos de distintas épocas, de distintas glorias. Pedazos que los
aplasta el tiempo y la rudeza del clima. Potosí es la ciudad de la plata, del
antiguo e inconmensurable esplendor, del brillo obsceno, del despojo más
brutal. Al mismo tiempo muestra todo el tiempo sus vestidos raidos, que todavía
se pueden imaginar bellos, radiantes.
Potosí es la ciudad de la
malegria, de la alegría y la tristeza simultánea y fundida en un mismo
instante.
Llegamos un viernes, el mismo día
que comenzaba la fiesta de los Ch´utillos.
La Festividad de los Ch'utillos, es una leyenda de la época
precolombina de los "Collas" hecha tradición y se evidencia que con
los jesuitas pasó a ser una fiesta pagana-religiosa. De acuerdo a la historia
los jesuitas que vivían en ese tiempo en Potosí habían asumido el liderazgo
religioso. Ellos propagaron la noticia de que el diablo se había ocultado en
una quebrada llamada "La Puerta" (este lugar se encuentra a 7
kilómetros de la cuidad de Potosí) y se decía que cualquier persona o animal
que pasaba por allí moría. Los indígenas de Cantumarca empezaron a adorar a ese
ser maligno, rindiéndole culto a cambio de favores y estaban convencidos de que
en esa cueva habitaba el demonio. Entonces bajo la influencia y ayuda de los
religiosos de la época y de los españoles entronizaron la imagen de San
Bartolomé e hicieron correr el rumor que el santo había vencido a
Satanás.
Es de ese mito donde nace la fiesta de San Bartolomé, fiesta patronal que se celebra en la localidad de "La Puerta" los días 26 y 27 de agosto, pero la mayoría de los potosinos empiezan a celebrarla desde el principio del mes.
En esta festividad miles de personas y devotos acompañados de bandas de músicas típicas, danzan al ritmo de caporales, morenadas, diabladas, tinkus y otros sones, mostrando la variedad de la riqueza cultural y folclórica de Bolivia. En esta festividad también se exhibe fina platería y diversas artesanías potosinas, como también se hace gala de los famosos confites potosinos, comidas típicas y deliciosos helados artesanales.
La Entrada de Ch'utillos llama la atención de turistas nacionales y extranjeros, por sus características, historia y sobre todo por llevarse a cabo en la ciudad de Potosí, la más importante ciudad boliviana de la época colonial que aún guarda en sus calles, casonas y su gente la magnificencia de la época. (Fuente: http://www.cuandopasa.com/index.php?v=v9966c)
Es de ese mito donde nace la fiesta de San Bartolomé, fiesta patronal que se celebra en la localidad de "La Puerta" los días 26 y 27 de agosto, pero la mayoría de los potosinos empiezan a celebrarla desde el principio del mes.
En esta festividad miles de personas y devotos acompañados de bandas de músicas típicas, danzan al ritmo de caporales, morenadas, diabladas, tinkus y otros sones, mostrando la variedad de la riqueza cultural y folclórica de Bolivia. En esta festividad también se exhibe fina platería y diversas artesanías potosinas, como también se hace gala de los famosos confites potosinos, comidas típicas y deliciosos helados artesanales.
La Entrada de Ch'utillos llama la atención de turistas nacionales y extranjeros, por sus características, historia y sobre todo por llevarse a cabo en la ciudad de Potosí, la más importante ciudad boliviana de la época colonial que aún guarda en sus calles, casonas y su gente la magnificencia de la época. (Fuente: http://www.cuandopasa.com/index.php?v=v9966c)
Esta fiesta acentúa más aún los
contrastes, los trajes multicolores sobre el fondo monocromático, el
amontonamiento de gente sobre la desolación del paisaje, la música desordenada
sobre el sonido de pasos y viento. La cuidad que come gente escupe, cada vez al
año, este estallido de música y colores. Estuvimos ahí de casualidad, sin saber
del todo de que se trataba.
Al día siguiente fuimos
nuevamente al encuentro de este aturdimiento, y nos metimos por sus venas hasta
que el dolor de cabeza me empezó a hacerle imposible disfrutar de estar
allí.
Volvimos al hostel y al poco
tiempo de llegar levanté fiebre, bastante. Un poco asustados decidimos ir
hasta una emergencia médica y hacer una consulta.
Para nuestra sorpresa el
diagnostico fue intoxicación grave del tracto intestinal por un infección
bacteriana. La derivación terapéutica, una internación inmediata. Así que con lo
que teníamos puesto nos cruzamos hasta las piezas de la clínica que están
enfrente, me puse un perturbador pijama con estampado de flores cortesía de la clínica, suero a
la vena y a quedarse allí dos días.
Fueron dos días de un tratamiento
con antibióticos vía parenteral, y el lunes al mediodía nos dieron el alta. Todavía tengo que continuar una semana más con pastillas. Pero ya estamos en
el hostel.
La atención fue muy buena, muy
rápida. La clínica, si bien se encuentra en un lugar que parece una ciudad
abandonada, es limpia. Los costos fueron los siguientes:
<!--[if !supportLists]-->· Consulta médica 50 bolivianos
<!--[if !supportLists]-->· Internación en habitación privada con tv por
cable, colchón y frazadita para acompañante: 240 bolivianos por día.
<!--[if !supportLists]-->·
<!--[endif]-->Honorarios medico: 350 bolivianos.
A esto hay que sumarle los
medicamentos, pero estos son más baratos que en Argentina.
Fue una experiencia que no
esperábamos tener, un gasto que no esperábamos desembolsar, pero lo más
importante es, sin dudas, que el cuadro no se complicó.
De todos modos, a quienes lean esto, un consejo: está bien confiar en la suerte, pero, por las dudas, no coman verduras en los mercados o puestos donde la procedencia y la manipulación de las comidas genera dudas. Verduras, cocinadas. Quizás no les pase nada (como a nosotros en otros viajes, o como a tantos viajeros), pero quizás también tienen la mala suerte de morder la hoja de lechuga equivocada.
De todos modos, a quienes lean esto, un consejo: está bien confiar en la suerte, pero, por las dudas, no coman verduras en los mercados o puestos donde la procedencia y la manipulación de las comidas genera dudas. Verduras, cocinadas. Quizás no les pase nada (como a nosotros en otros viajes, o como a tantos viajeros), pero quizás también tienen la mala suerte de morder la hoja de lechuga equivocada.
El tiempo lo convertirá en una
anécdota. Eso seguro, una más de este viaje que viene intenso.
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