miércoles, 5 de septiembre de 2012

Potosi


Llegamos a la ciudad de Potosí el viernes 31 de agosto, luego de un viaje de aproximadamente 8 horas. Otra vez gran parte del recorrido fue sobre caminos ripiados que suben y bajan altísimas montañas, bordeando profundos valles. Como estábamos en Tarija no había más opción que volver a subir el “Sama”, ya que la ciudad se encuentra en una hondada. Esta vez viajamos por la noche, para evitar llegar a Potosí a un horario incomodo.
Llegamos entonces a las  4 de la mañana. El frio a esa hora en la nueva terminal es glacial.  Además está alejada del centro de la ciudad (pero todo el tiempo salen movilidades que por 1,20 bol te dejan en la plaza 10 de Enero), así que decidimos hacer tiempo hasta que amanezca.
Ya en la movilidad hacia el centro Potosí genera sensaciones encontradas. Es una ciudad que impresiona, que impresiona y que ahoga. Está partida en mil pedazos que se amontonan uno sobre otro, pedazos de distintas épocas, de distintas glorias. Pedazos que los aplasta el tiempo y la rudeza del clima. Potosí es la ciudad de la plata, del antiguo e inconmensurable esplendor, del brillo obsceno, del despojo más brutal. Al mismo tiempo muestra todo el tiempo sus vestidos raidos, que todavía se pueden imaginar bellos, radiantes.
Potosí es la ciudad de la malegria, de la alegría y la tristeza simultánea y fundida en un mismo instante.
Llegamos un viernes, el mismo día que comenzaba la fiesta de los Ch´utillos.

La Festividad de los Ch'utillos, es una leyenda de la época precolombina de los "Collas" hecha tradición y se evidencia que con los jesuitas pasó a ser una fiesta pagana-religiosa. De acuerdo a la historia los jesuitas que vivían en ese tiempo en Potosí habían asumido el liderazgo religioso. Ellos propagaron la noticia de que el diablo se había ocultado en una quebrada llamada "La Puerta" (este lugar se encuentra a 7 kilómetros de la cuidad de Potosí) y se decía que cualquier persona o animal que pasaba por allí moría. Los indígenas de Cantumarca empezaron a adorar a ese ser maligno, rindiéndole culto a cambio de favores y estaban convencidos de que en esa cueva habitaba el demonio. Entonces bajo la influencia y ayuda de los religiosos de la época y de los españoles entronizaron la imagen de San Bartolomé e hicieron correr el rumor que el santo había vencido a Satanás.
 Es de ese mito donde nace la fiesta de San Bartolomé, fiesta patronal que se celebra en la localidad de "La Puerta" los días 26 y 27 de agosto, pero la mayoría de los potosinos empiezan a celebrarla desde el principio del mes.
 En esta festividad miles de personas y devotos acompañados de bandas de músicas típicas, danzan al ritmo de caporales, morenadas, diabladas, tinkus y otros sones, mostrando la variedad de la riqueza cultural y folclórica de Bolivia. En esta festividad también se exhibe fina platería y diversas artesanías potosinas, como también se hace gala de los famosos confites potosinos, comidas típicas y deliciosos helados artesanales.
 La Entrada de Ch'utillos llama la atención de turistas nacionales y extranjeros, por sus características, historia y sobre todo por llevarse a cabo en la ciudad de Potosí, la más importante ciudad boliviana de la época colonial que aún guarda en sus calles, casonas y su gente la magnificencia de la época.  (Fuente:
http://www.cuandopasa.com/index.php?v=v9966c)

Esta fiesta acentúa más aún los contrastes, los trajes multicolores sobre el fondo monocromático, el amontonamiento de gente sobre la desolación del paisaje, la música desordenada sobre el sonido de pasos y viento. La cuidad que come gente escupe, cada vez al año, este estallido de música y colores. Estuvimos ahí de casualidad, sin saber del todo de que se trataba.
Al día siguiente fuimos nuevamente al encuentro de este aturdimiento, y nos metimos por sus venas hasta que el dolor de cabeza me empezó a hacerle imposible disfrutar de estar allí.
Volvimos al hostel y al poco tiempo de llegar levanté fiebre, bastante. Un poco asustados decidimos ir hasta una emergencia médica y hacer una consulta.
Para nuestra sorpresa el diagnostico fue intoxicación grave del tracto intestinal por un infección bacteriana. La derivación terapéutica, una internación inmediata. Así que con lo que teníamos puesto nos cruzamos hasta las piezas de la clínica que están enfrente, me puse un perturbador pijama con estampado de flores cortesía de la clínica, suero a la vena y a quedarse allí dos días.
Fueron dos días de un tratamiento con antibióticos vía parenteral, y el lunes al mediodía nos dieron el alta.  Todavía tengo que continuar una semana más con pastillas. Pero ya estamos en el  hostel.
La atención fue muy buena, muy rápida. La clínica, si bien se encuentra en un lugar que parece una ciudad abandonada, es limpia. Los costos fueron los siguientes:
<!--[if !supportLists]-->·         Consulta médica 50 bolivianos
<!--[if !supportLists]-->·     Internación en habitación privada con tv por cable, colchón y frazadita para acompañante: 240     bolivianos por día.
<!--[if !supportLists]-->·         <!--[endif]-->Honorarios medico: 350 bolivianos.
A esto hay que sumarle los medicamentos, pero estos son más baratos que en Argentina.
Fue una experiencia que no esperábamos tener, un gasto que no esperábamos desembolsar, pero lo más importante es, sin dudas, que el cuadro no se complicó.
De todos modos, a quienes lean esto, un consejo: está bien confiar en la suerte, pero, por las dudas, no coman verduras en los mercados o puestos donde la procedencia y la manipulación de las comidas genera dudas. Verduras, cocinadas. Quizás no les pase nada (como a nosotros en otros viajes, o como a tantos viajeros), pero quizás también tienen la mala suerte de morder la hoja de lechuga equivocada.
El tiempo lo convertirá en una anécdota. Eso seguro, una más de este viaje que viene intenso.


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