La ciudad de
Lima nos sorprendió. Pensábamos encontrarnos con un polo totalmente histórico y
colonial y por el contrario, descubrimos un centro moderno, ordenado y cuidado.
Hay que tener en cuenta que nos movimos por distritos urbanísticos donde hay
dinero, claro que existen los “conos” que son barrios periféricos al borde de
la montaña donde abunda la pobreza. Pero haciendo esta salvedad, nos impresionó
la diferencia radical con otras ciudades de Perú. Descubrimos una capital con
su bello mar, el cual sorprende por su claro color y los acantilados que lo
rodean. Los parques son muy lindos, mucho espacio verde y por primera vez en el
viaje, volvimos a ver juegos para niños como toboganes o hamacas.
Lima es la
ciudad ideal para degustar la gastronomía peruana, un sello identitario de
orgullo para cualquier Peruano. Desde los ceviches, los anticuchos, las sopas y
carnes, hasta las bebidas típicas, como el famoso Pisco Sour que se ofrece en
cualquier bar.
Se observa
por las calles una clara política de construcción de ciudadanía, con carteles
que invitan a respetar las diferencias o no tocar bocina constantemente, por
citar algunos ejemplos. El centro histórico está en pleno proceso de
reconstrucción, refuncionalizando todos los edificios viejos, convirtiéndolos
en modernas construcciones pero que conservan su fachada original.
Pasamos unos
lindos días en Lima, sin dudas una ciudad que invita a recorrerla y
descubrirla.
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